Vas a tener mucho amor en el 2018 (pásalo)
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Enaltes.
El cielo se veía despejado, calmo e imperturbable. Los rayos del sol atravesaban el espacio para iluminar un campo inmerso en verde en su mayoría, salvo por unos pocos grises de rocas que terminaban de adornar el ambiente. Nada parecía pasar en ese lugar, solo a lo lejos se podía ver pasar alguna que otra oveja pastando solitaria, sin más nada que su propia compañía. Y aún así ahí me encontraba, solo, en lo que parece el medio de la mismísima nada. El cómo llegué a ese lugar es un total misterio para mí, ya que mi mente no logra recordar, por más ruegos que le de, sobre los acontecimientos anteriores a mi despertar en esas tierras. Lo más raro de todo es que nada parecía estar fuera de su lugar, todo en mi cuerpo me decía que estaba en el lugar correcto, por más que yo dijera que estaba equivocado, y el suave roce del viento helado del norte me lo confirmaba.
Deambulé por horas por un sin fin de paisajes rocosos que en alguna que otra ocasión conectaban con el mar gris y espumoso; salvo este detalle todo se veía igual. No fue sino hasta casi adentrada la noche que el escenario cambió, al vestirse el cielo de gala con sus brillantes estrellas y la dulce melodía de insectos nocturnos. Una bella tonada que me guiaba hacia la desesperación, solo detenida por la continua sensación de que en verdad no estaba perdido, y bajo este firmamento decidí caer en los brazos del dios del sueño.
Aún con los ojos cerrados pude percibir un cambio en la presión, un repentino golpe de calor golpeo mis sentidos y rápidamente me puse alerta. Al abrir mis ojos pude notar que ya no me encontraba en el paisaje rocoso en el que creía haber estado unos momentos antes. Estaba acostado en una cama, envuelto por sendas sábanas blancas que cubrían mi cuerpo desnudo. Alrededor de la habitación solo habían unas pocas pertenencias que pude identificar sin mayor problema, aún por más que me dijera una y otra vez que hasta hace unas horas no cargaba con ninguna de ellas. Quise palidecer, entrar en pánico, pero nada de eso fue posible. Era como si me hubiesen suprimido toda capacidad para sentir algo parecido al temor, o al menos eso creía. Me levanté y miré por la ventana para ver donde diablos me encontraba y lo que vi fue solo la continuación de todo lo raro que antes comentaba; una ciudad se alzaba frente a mí, por lo que pude deducir que me encontraba en las afueras. Era de noche y las personas hacían vida con toda normalidad, nada parecía salirse del libreto. Me senté por unos minutos desnudo sobre la cama, el calor era insoportable aunque no tanto como la sensación de no saber absolutamente nada. La incertidumbre me carcomía hasta tal punto que dejé de escuchar cualquier ruido, como si todo el mundo hubiese quedado sumido en total silencio. “No estás loco”, eso me dije, y con la rapidez de un impulso me asome de nuevo por la ventana. Afuera todo había cambiado, y lo que era total normalidad ahora se había vuelto un campo de guerra.
La ciudad emitía indicios de humo, la gente corría por las calles horrorizadas. Vi entrar por el lado este de la calle una tropa de militares armados hasta los dientes que empezaba a disparar hacia una calle que parecía desierta. Todo era horror en el más calmo de los silencios.
Cogí, con el mismo impulso que me había puesto en la ventana, unos vaqueros, una franela blanca y unos zapatos deportivos, de dónde habían salido, eso no lo sabía, lo cierto es que cuando me detuve a pensar en ello ya estaba en mitad de la calle corriendo hacia los batallones, gritando enmudecido a todo pulmón. Al acercarme a ellos pude percibir que ahora el tiempo iba más lento salvo una cosa; a lo lejos de la calle por la que cruzaban balas y demás munición, se acercaba con velocidad algo que no sabría describir físicamente, solo en sensaciones puedo resumir que habría deseado seguir sin sentir miedo y desesperación. Mi única reacción fue entrar en un edificio aledaño, quise alejarme lo antes posible de esa cosa. Lo único que recuerdo son lo que parecían unos ojos y la terrible sensación de que iba a morir.
Al atravesar la puerta del edificio sentí una leve brisa en mi cara empapada de sudor. El aire de por sí era frío y mi condición no hacía más que acentuar la temperatura para ese momento helada de mi cuerpo. Tenía los ojos tan apretados del miedo que tardé unos segundos en abrirlos, más de los necesarios para darme que cuenta que estaba de nuevo en aquel campo helado. No había puerta detrás de mí, de nuevo solo estaba rodeado por el inmenso espacio y el silbido del viento.
Escuché de pronto unos pasos que se acercaban y pude distinguir que no se trataba de una persona; a mi lado se paró un caballo totalmente blanco, majestuoso, casi al punto de brillar por alguna clase de aura o divinidad, lo cual me hizo sentir una calma absoluta hacia él. Me monté y lo cabalgué a toda velocidad hacia al norte, o eso me decía. No estaba seguro de si era yo quien dirigía el camino o el caballo, pero supe que estaría a salvo con él. Detrás de nosotros sin embargo parecían arremolinarse los vientos, y las nubes de tormenta avanzaban firmemente con paso militar, turbando su color hasta quedar como algodones mezclados con carbón, tan densos que el simple roce de un pájaro pudiera desatar una catástrofe. El silencio poco a poco iba desapareciendo, el cielo avisaba como con cantos de batalla que abriría su furia contra el mundo. Fue entonces en ese momento que el corazón me empezó a latir con más fuerza, repiqueteando marcadamente como si tratara de responder con su propia entonación bélica las amenazas del cielo.
Al cabo de unos minutos el caballo y yo nos acercamos a un bosque con una apariencia oscura, eso ni dudarlo, pero lo que sí dudaba era si en esa clase de lugar podría estar a salvo. No me duró mucho la duda porque justo en ese momento un viento atribulado nos alcanzó con gran fuerza tratando de desviarnos de nuestro camino, e incluso casi me saca de las proximidades del caballo. El sonido de ese viento se convirtió también en lo que pude interpretar como una sentencia de muerte, un leve susurro se abrió paso delicadamente sobre mis oídos y no pude más que helarme y romper a llorar; solo oía dentro de mi una voz burlona, densa y oscura en su totalidad que me decía “no podrás huir, solo posponer lo inevitable”, seguida de una risita que daba a entender que todo estaba dicho.
El caballo al fin se detuvo al lado de una cueva en la cual se metió para evitar el mal tiempo, a lo cual yo también lo seguí. Sus pasos eran rápidos y no tardó mucho en perderse dentro de la oscuridad de la cueva. Solo podía escuchar mis pasos sordos sobre el suelo desnivelado por las rocas y los charcos creados por el agua que se filtraba por las grietas, y por cada paso que daba, más torpe me volvía. Intenté avanzar lo más que pude y para mi sorpresa, un pequeño haz de luz parecía pegarme justo en la cara. Se hacía más y más grande y pude ver que eso representaba una salida, y al ver representada esta posibilidad salí corriendo sin importar cuantos tropezones tuviera que dar, cualquier cosa era mejor que estar ahí solo en la oscuridad y muerto de miedo, pero, ¿en verdad cualquier cosa era mejor?
Al atravesar aquel umbral creí saber lo que me encontraría: la ciudad ya desecha por aquella monstruosidad, pero lo que mis ojos veían era normalidad. Estaba afuera del edificio al que había entrado y el ambiente estaba cargado de cotidianidad; el libreto había vuelto a ser restablecido y junto con ello, el sonido y la paz. Me acerqué a una de las personas que pasaba por el lugar y le pregunté por lo ocurrido, pero pareció que mi pregunta lejos de generar una respuesta, generó una cara de confusión y posteriormente algo de enfado por creer que le estaba haciendo perder el tiempo. Más confusión sentía yo ante tal reacción porque aquello que presencié había sido real, pero ¿lo había sido? repetí el procedimiento casi una docena de veces solo para encontrarme con respuestas y reacciones similares a la primera y, para cuando quise acercarme un tanto resignado a otra persona, ya todos me miraban de lejos, me evitaban, hacían gestos obscenos, murmuraban. Mi desesperación fue creciendo de a poco porque de a poco creía estar enloqueciendo salvo un detalle: había estado yendo y viniendo de dos lugares totalmente distintos y geográficamente distantes, y sin embargo no podía distinguir cual de ellos era la realidad. Traté de convencerme de que probablemente tuve un desface, una alucinación o un sueño convertido en pesadilla, pero ya todo carecía de sentido para mi. Puse rumbo a mi habitación con las dudas rompiéndome la cabeza y paso rápido la razón.
Al llegar a la puerta de la habitación noté que había movimiento dentro de ella, lo cual me pareció extraño, pues no recordaba vivir con alguien o esperar visitas, aunque luego de todo lo ocurrido decir que algo era extraño estaba ya dentro de lo normal. Giré el pomo de la puerta y este cedió con facilidad, estiré mi brazo a velocidad media y entré. Al cerrar la puerta me di cuenta de que una pareja me miraba como horrorizados e iracundos al mismo tiempo. El sujeto me sacó entre insultos y empujones que ahogaron mis escasos intentos por tratar de explicar que esa era mi casa, aunque ya no lo parecía y de pronto me vi sin hogar.
Ya en la calle, caminando para tratar de alejarme de todo y de todos creí escuchar un sonido familiar. Me detuve por unos segundos y agucé el oído. Era casi imperceptible pero ahí estaba, y cuando puse más esfuerzo para distinguir ese sonido, sentí como un grito ahogado se atoraba en mi garganta. Con el mismo tono, con el mismo peso, con la misma maldad oí la risita de esa cosa. Inmediatamente me puse en marcha para alejarme del lugar, pero eso solo hacía que esa insoportable risa cobrara fuerza; aceleré el paso casi al punto de correr, me sentía instigado, acosado por una fuerza invisible, por algo que no podía ver, pero que con total seguridad podía sentir cerca, casi como si pudiera estirar su terrible mano y atraparme como quien atrapa a un cachorro indefenso y confundido. La ansiedad era terrible, la presión en el pecho asfixiante, no sabía donde ir pero no importaba, ya nada de eso importaba, si creía que estaba enloqueciendo ahora lo había confirmado, así que entré en la comisaría a gritar a los cuatro vientos que había perdido la cabeza, haciendo todo esfuerzo por que aquella actuación se viera lo más creíble posible. Quería ser encerrado, llevado a un manicomio, atado a una silla y sedado hasta que el efecto de las drogas no hiciera más que hacerme soltar baba y una que otra sonrisilla de placer. Iba gritando mi locura mientras pensaba todo esto, tiraba papeles, quitaba sombreros, daba bofetadas, iba de puerta en puerta haciendo el mejor espectáculo que pude. Vi la puerta del jefe de la policía y decidí dejar lo mejor para el final; me acerqué a la entrada y oí una voz profunda y cálida que se dirigía con calma a alguien que no había articulado sonido alguno. Ya creo que había tomado el gusto a mi actuación porque pensaba en alguna forma magnífica de terminar con todo aquello para terminar tras las rejas o en algún cuarto aislado. Me quité la ropa y la lancé por cualquier lado, tomé el pomo, lo giré con brusquedad y entré sin más vacilación dirigiendo una larga carcajada desencajada. Seguí así por unos segundos y noté que se me encogía el corazón; nuevamente estaba en el bosque y, al menos para mi alivio momentáneo, con algo de ropa. Decidí entonces acabar con todo de raíz, y cuando digo de raíz quise decir la raíz de mi cuello, creí que era la única manera de parar todo este sinsentido, pero la pregunta era cómo.
Mientras encontraba solución a mi pregunta noté una ligera respiración sobre mi cuello, giré y encontré que el mismo caballo blanco me tocaba con su hocico, invitándome a levantarme. Estaba frustrado, deprimido y ansioso, pero debo admitir que ver a esa majestuosa bestia calmó con creces todas esas sensaciones. Éste se dio media vuelta y empezó a andar y yo empecé a seguirle. Iba soltando palabras al aire tratando de buscar consuelo. Me preguntaba si seguiría en ese eterno bucle de universos con resultados adversos a mi vida y de pronto noté algo raro, la cola del caballo era negra, y añadido a eso una visión espeluznante vino como un relámpago a mi cabeza; al momento de estar en la comisaría no lo noté por mi arrebato, pero todos habían estado muy quietos con mi pequeña actuación, y todos lo habían estado porque todos estaban muertos. Decenas de cadáveres dispuestos en diferentes posiciones y estados, imitando lo humano de la vida desde lo humano de la muerte, con expresiones fingidas y plásticas. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo al pensar que todo aquello fue una ilusión, que esa ciudad había sido exterminada, que todos en ella habían muerto.
Con algo menos que fuerza estaba plantado ahí, observando como la maldad se aglomeraba delante de mi. Sus ojos me miraban intensamente, me atravesaban. Ahora sí podía distinguirlo; sus casi tres metros se elevaban frente a mí, apoyado en sus piernas, gruesas como columnas, un torso de bóveda fundido en hollín sobresalía imponente, y sobre este una cabeza algo chata con un par de ojos amarillos y brillantes; a su espalda se desplegaban dos alas de murciélago a tono con el resto de su cuerpo oscuro como la noche. Sus brazos eran gruesos y punzantes, capaces seguro de rasgar el cielo con un movimiento.
“¿Ya lo has compredido?” me dijo con una voz cálida y menos burlona que las veces anteriores. Negué con la cabeza y este me dijo “pon atención a los detalles, lo que ves puede ser y no ser al mismo tiempo. Detrás de mí hay dos caminos, uno de ellos evita todo lo que viste, el otro…” no necesitó completar la frase para darme a entender lo que sucedería y antes de que pudiera decidir añadió “los sueños son una cosa misteriosa y apasionante, pueden darte vida o quitártela, pero lo más importante es que sueños y realidad no son dos cosas opuestas, sino pares que se tocan y conviven en un equilibrio perfecto, y nosotros estamos hechos de lo que están hechos nuestros sueños”
Habiendo escuchado eso y exhalado un gran suspiro avance al lado de aquella bestia rumbo a mi destino.
Un problema en peligro de extinción.
Hoy me detuve un momento en la calle sin más. Estuve andando por unos instantes y de repente mi cuerpo pareció querer detenerse, como si el lugar donde debiera estar fuese justo el de ese momento. Suerte para mí que no fue en algún lugar peligroso que pudiera ocasionar problemas, aunque problemas los halla uno donde sea. Uno piensa que ellos vienen a ti, pero lo cierto es que eres tú el que va hacia ellos.
Pobres de los problemas, tan felices por ahí, disfrutando de los pocos segundos que pueden tener de respiro antes que ¡BUM! alguien decida hacerse de ellos sin más. Parece que entre más se esconden, más los encuentran. Que entre más nos pasamos el tiempo profesando a los cuatro vientos mil maneras de evitarlos, más los tenemos y más los buscamos, parece haberse vuelto una obsesión o moda rara. No hay quien no tenga al menos uno, y los hay otros que parece ser que los tienen todos.
Algunos especulan, no sin algo de razón, que a este ritmo alarmante muy pronto no quedará ni uno. Así es de grave es, tal cuál como lo lee, puede que llegue el día en que no hayan más problemas, y lo que más me entristece el corazón es la siguiente cuestión: ¿realmente es necesario acabar con todos y cada uno de ellos, en vez de dejarlos libres, abrazarlos y observarlos alejarse?
La verdad es que no lo sé, y eso sí es un problema.
IV
Hoy tengo ganas de desdibujarte entre grafito y un papel. Comenzar por recrearme con figuras por doquier. Embelesarme ciegamente ante el inmenso placer que transmite tu figura juguetona como ayer.
El casi imperceptible tacto, que dejó marcas en mi piel. Y eso que apenas estoy empezando, ya haces estremecer. Delicadas son tus manos como orugas al tejer, la bella seda que envuelve todo tu cuerpo de mujer.
Tus labios bien dibujados, de eso sí hay que temer, de los siglos que han pasado cuando en ellos me dejé mecer. Tan caliente como lava, tan humeante cual café, esos son tus ojos pardos que atravesaron mi ser.
Ya clavado en la distancia hoy me remito a comprender, que fuiste más que una musa que se dispuso a exponer, los secretos del misterio que se acumulan en tu piel, que dejaste aquí en mi cama para nunca mas volver.
Vas a tener mucho éxito en el 2018 (pásalo)
Vas a tener mucho dinero en el 2018 (pásalo)
Vas a tener mucho sexo en el 2018 (pásalo)
Yow
So I am here at 12:07 in the morning. I know is not so early but when you have a kid it is important to have energy for next day. In any case I’m here listening to Ed Sheeran thinking about all the shit that is happening to me these days. Those thougths are crashing one against the other ones bc one part of me doesn’t want to know about sentimental crisis and all that shit, I just wanna chill out, hanging with my friends and yes, maybe having a side chick, cuz that’s the way I do things. But, at the end the most important thing is thinking that I’m so damn thankful and drunk for having this kind of honesty in a place nobody is going to check. Maybe Mer or Grey, but they’re good friends and I keep them in my heart. So, rest bitches, this is my therapeutic writing. You don’t have nothing to be worry about. Peace out.
La Venezuela que viene (y que vendrá)
Hace mucho que no me expreso por aquí, pero nunca es tarde para quitar el polvo a las teclas y actualizar un poco los eventos que han marcado mi vida estos últimos meses.
La vida transcurre en un mundo que ni en mis peores pesadillas pude vislumbrar, la violencia se desborda por las calles, mis hermanos se matan entre ellos por una migaja del pan que un sector muy selecto se ha adueñado para no querer soltarlo más, la puerta de salida es la más transitada, ya sea para irse del país o para pasar a una mejor vida. Hay algunas personas que aún se creen la mentira que viven mientras otras personas viven con miedo, incertidumbre y desespero.
No todo es oscuridad, dentro de todo este tormento que ha sido ver morir, partir, perder a tantos, ha salido una noticia fantástica en mi vida: voy a ser papá.
Describir la sensación es imposible, pues me encuentro con los sentimientos mezclados al pensar en qué tan buen padre puedo ser, qué cosas tengo para ofrecer a mi hijo y demás, pero imagino todos los momentos preciosos que vamos a pasar juntos y todas esas cosas que me preocupan y me pesan en la cabeza desaparecen de inmediato.
Hoy escribo con el alma y el corazón en la mano, porque hoy se nos han burlado en nuestra cara una vez más, pero será la última, porque hoy también ha sido el día es que nos hemos dado cuenta de la verdad: somos humanos, somos hermanos, somos venezolanos y no nos dejamos joder por nadie.
Un padre debe hacer lo que tiene que hacer por el bien de sus hijos, es el ejemplo que he visto en mi mamá. Ya sin nada que escribir, me despido, deseoso que la próxima vez que escriba, sea para contar como nos va de bien.
Memexistenialism
The idea that each meme exists and will one day be forgotten but persists and continues to change lives nonetheless.

